Luz Arcoiris

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La lectura es a la mente lo que el ejercicio al cuerpo.

-Joseph Addison.

 

Instrúyanse porque necesitaremos toda nuestra inteligencia.

Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo.

Organícense, porque necesitaremos toda nuestra fuerza.

-Antonio Gramsci.

 

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A principios de los años 90, el psicólogo evolutivo Howard Gardner renovó el paradigma de las ciencias cognitivas a partir de su teoría de las inteligencias múltiples. Gardner consideró por primera vez la inteligencia no como una única capacidad, fijada e innata, dada de una vez y para siempre en cada persona, sino como una serie de habilidades cognitivas en distintos campos de la experiencia humana, habilidades que son susceptibles de continuar en proceso de desarrollo durante la totalidad de la vida. De manera inversa, pueden malograrse o permanecer estancadas, como un músculo que nunca o casi nunca se lo trabaja o estimula. Una de las inteligencias principales que Gardner categorizó es la denominada inteligencia lingüístico-verbal; concretamente, la inteligencia relacionada con el pensamiento y el lenguaje. No son pocos los autores que han considerado que, de todas las características que nos separan del reino animal, el lenguaje (la capacidad de “significar”) es la principal.

En un brillante libro sobre la evolución de los circuitos cerebrales humanos, el psicólogo, guerrillero ontológico y profuso escritor Robert Anton Wilson nos deja una concisa definición de inteligencia, que se ajusta muy bien a la inteligencia lingüístico-verbal de Gardner: “La inteligencia es la capacidad de recibir, decodificar y transmitir información de manera eficiente.” (Robert Anton Wilson, Prometeo Ascendiendo, 1983). Basándose en las nociones de Claude Shannon (conocido como “el padre de la teoría de la información”) y del creador de la “semántica general”, Alfred Korzibsy, Wilson nos dice que “información” equivale a cualquier conjunto organizado de datos que implican una novedad significativa para el sistema de creencias y la totalidad de la información previa que tiene interiorizado un sujeto. Nuestro modo central de transmitir y recibir información es a través del lenguaje; es decir, a través signos lingüísticos significativos (palabras que expresan pensamientos, ideas y conceptos). Tanto para Wilson, como para el enfoque constructivista del conocimiento iniciado por Lev Vigotsky, el impacto de la información en el sujeto implica un complejo proceso de integración dentro de su sistema de creencias y datos o “mapa cognitivo”. Read the rest of this entry »

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Vemos la realidad tal y como queda impregnada en nuestra memoria, aun cuando ésta haya cambiado. Tú te engañas a ti mismo.

El no adquirir nuevo conocimiento intelectual y/o emocional hace que todo lo que veas siempre sea igual. Afecta de una forma tan determinante que hasta el sentido de la vista (cognición “objetiva” de las cosas) se convierte en un falso amigo. Ella, la vista, nos informa de volúmenes, colores, distancias, alturas, etc. Cada elemento visible tiene su “foto” (conexión) en nuestro cerebro. Un cerebro que es capaz de engañarte.Vemos lo que sabemos ver en nuestro cerebro, aun cuando el objeto de visión haya sido transformado. Sustituimos lo no conocido por lo conocido para decodificar lo que vemos. Sí, sustituimos, por tanto, nos engañamos. Todo pasa por no tener nuevo conocimiento.

Un claro ejemplo de esta aseveración es el siguiente experimento científico-cognitivo:

Un grupo de científicos en Estados Unidos realizó hace menos de una década un curioso experimento para mostrar la “ceguera” de nuestro cerebro. Decidieron reunir a un grupo reducido de personas a las que propusieron una prueba en la que debería llevar gafas durante quince días. Esas gafas eran totalmente normales excepto en el color de sus cristales. El lado derecho era azul y el izquierdo era amarillo. Los organizadores de ese experimento requirieron a los participantes que llevaran las gafas cada día desde que se levantaban hasta la hora de dormir. Así lo hicieron. Su cerebro vio transformados los colores de todo aquello que reconocían anteriormente en otra gama cromática e iban acostumbrándose a la nueva percepción. Read the rest of this entry »

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1. Ingerir bacterias

Sí, como lo oyes: ingerir bacterias te puede hacer más inteligente. ¿Por qué? Algunos tipos de bacterias del suelo pueden reducir la ansiedad y aumentar la capacidad de aprendizaje cuando se ingieren o inhalan. Estas bacterias pueden aumentar el crecimiento neuronal y los niveles de serotonina.

También dicen que tener más sexo nos hace más inteligentes, y estoy segura que es una de las opciones que más te agradan en este momento. ¿Quien sabe? Tal vez sea cierto. ¿Qué otras formas crees que hay de aumentar la inteligencia?Hay muchas formas de medir la inteligencia: algunos piensan que es algo que se ve en los tests, otros creen que está directamente relacionado con el sentido común. Lo cierto es que no hay un estándar que defina qué es la inteligencia, pero sí sabemos que el cerebro está directamente relacionado con ella: entonces, ¿cómo ser más inteligente? Veamos estas sencillas recomendaciones con rigor científico.

5. Meditación

Si bien esta práctica puede variar de persona en persona, en general envuelve un ambiente calmado, respiración profunda y un estado mental de calma. Aunque no creas en que la meditación te pueda llevar a un estado de unión con Dios, lo cierto es que la relajación tiene un montón de beneficios para aumentar la inteligencia: las resonancias magnéticas han comprobado que la meditación regular puede generar cambios en el cerebro, mejorar la memoria, la capacidad de atención y puede aumentar ciertas partes de la corteza cerebral. Read the rest of this entry »

 

Una buena motivación puede evitar este efecto, revela un estudio

Las personas mayores son más olvidadizas, señala uno de los prejuicios más extendidos sobre ellas. Aunque esto no sea cierto en cada caso, se ha comprobado que la sola idea afecta negativamente a la memoria de los ancianos. Un estudio ha revelado ahora que un tipo de motivación, sin embargo, puede contrarrestar este efecto: el hecho de tener algo que perder.


 

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De los muchos estereotipos negativos que existen sobre las personas mayores, el más común es que son olvidadizas. 

Un nuevo estudio revela ahora que el hecho de recordarles este estereotipo a los ancianos aumenta sus problemas de memoria, y también que hay una manera de evitar este efecto. 

La investigación fue realizada en la Escuela Davis de Gerontología de la University of Southern California (USC Davis), de Estados Unidos, y ahonda en el concepto de “la amenaza del estereotipo”, que hace referencia a la influencia de los prejuicios sobre determinados grupos en las aptitudes o capacidades de un sujeto perteneciente a uno de ellos. 

Así, estos estereotipos pueden minar el desempeño de los individuos en diversas áreas, situándolo por debajo de su potencial real. De este modo, sin darse cuenta, las personas acaban confirmando los prejuicios que las condicionan. 

Los resultados obtenidos en la investigación ponen de relieve lo importante que es para las personas mayores, así como para los médicos, estar al tanto de hasta qué punto las creencias sobre las personas mayores pueden afectar al rendimiento de su memoria.  Read the rest of this entry »

Por: Feggy Ostrosky

La intuición es el resultado de una serie de fenómenos que no residen en la conciencia.

La mayoría de las veces no hacemos caso a la intuición y nos guíamos por el razonamiento para tomar decisiones. Pero en muchas ocasiones ante el resultado de esas decisiones hemos dicho: “Yo sabía que esto iba a pasar”.

¿Cómo se da este fenómeno?
Diariamente estamos bombardeados por información visual, táctil, olfativa, auditiva y gusto. Sin embargo, es tanta la estimulación que nos rodea que es necesario hacer una selección de aquella que nos sirve para la tarea que queremos realizar.

A pesar de que toda la que información que recibimos es procesada, no todas nuestras experiencias quedan almacenadas en la conciencia.

El llamado sexto sentido, no es como tal un “sentido extra” con un órgano específico, más bien, es un concepto con el cual hacemos referencia a aquellos conocimientos que tenemos y que no responden al proceso típico de cognición.

Así, la intuición es el resultado de una serie de fenómenos que no residen en la conciencia, sino que surgen del inconsciente.

¿Dónde está la intuición?
En el cerebro existen estructuras muy antiguas como la amígdala, que almacenan la información relacionada con la emoción que genera un evento determinado, mientras que otras estructuras como el hipocampo almacenan información objetiva como “el qué”, “el cuándo” y “el dónde”. Read the rest of this entry »

EL MAPA

Posted on: June 29, 2013

pict.phpImagina que tu cerebro es un mapa, me dijo un verdadero maestro. Un mapa enorme. Imagina que ocuparía todo este jardín, si lo desplegáramos. 

Ahora imagina que te acercas a verlo en detalle, y encuentras que este gigantesco mapa tiene algunas pocas rutas principales, y una infinidad de caminos secundarios. 

Cuando haces algo en lo que no está involucrada tu personalidad, ni tu ego, ni tus prejuicios ni tus creencias, tomas una de las rutas principales y llegas sin contratiempos del punto A al punto B. 

Observas los dos puntos en el mapa de tu cerebro, ves claramente la vía más directa entre ambos y concretas exitosamente lo que te habías propuesto. 

Luego te dispones a hacer algo que sí involucra a tu personalidad, a tu ego, a tus prejuicios y a tus creencias. Cada uno de ellos tiene algo que decir, tiene una opinión que expresar. De ninguna manera van a permitirte tomar la vía directa. La personalidad habla, y te sales de la carretera para tomar un camino lateral. El ego interfiere, y te desvías por otra senda. Los prejuicios aparecen, y nuevamente viras el rumbo. Las creencias surten su efecto, y vuelves a modificar la dirección. 

En pocos segundos, la ruta principal ha quedado muy lejos. Millones de engañosos vericuetos han enredado el paisaje. Han transformado el punto A en un recuerdo difuso, y el punto B en un lugar inalcanzable. 

En lo físico, por suerte, la personalidad, el ego, los prejuicios y las creencias no ordenan el trabajo de nuestros órganos vitales. Si lo hicieran, nuestro cuerpo entraría en estado crítico de desconcierto y dejaría de funcionar instantáneamente. 

En lo espiritual, para cada pregunta trascendental que nos hacemos hay una vía directa a la respuesta. Pero inmediatamente aparecen la personalidad, el ego, los prejuicios y las creencias para internarnos en una intransitable maraña de caminos inconducentes. 

— el ZENtido de la vida — 

 

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Referencia: Scientific.American.com .
por Emily Lenneville,

Responde Justin Rhodes, profesor asociado de psicología en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign:

Después de estar encerrado todo el día, un paseo por la tarde puede hacer que te sientas lúcido. Esta sensación no sólo pasa en tu mente, un creciente cuerpo de evidencias sugiere que pensamos y aprendemos mejor cuando caminamos o hacemos cualquier otro tipo de ejercicio. La razón de este fenómeno, sin embargo, no se entiende completamente.

En parte, la razón por la que el ejercicio mejora la cognición tiene que ver con el flujo de sangre. Las investigaciones muestran que cuando hacemos ejercicio aumenta la presión arterial y el flujo de sangre por todo el cuerpo, incluyendo el cerebro. Más sangre significa más energía y oxígeno, lo cual hace que nuestro cerebro funcione mejor.

Otra explicación de por qué sudando mejora nuestra capacidad mental es que el hipocampo, una parte del cerebro crucial para el aprendizaje y la memoria, es muy activa durante el ejercicio. Cuando las neuronas de esta estructura se aceleran, la investigación muestra que nuestra función cognitiva mejora. Por ejemplo, los estudios en ratones han revelado que correr mejora el aprendizaje espacial. Otros trabajos recientes indican que el ejercicio aeróbico puede realmente revertir la atrofia del hipocampo que se produce naturalmente con la edad, y por tanto, mejorar la memoria en adultos mayores. Sin embargo, otro estudio descubrió que los estudiantes que hacen ejercicio tienen un mejor desempeño en los tests que sus compañeros menos atléticos. Read the rest of this entry »

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Se ha descubierto que el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado con más de 40.000 neuronas y una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo.
Es inteligente
Gracias a esos circuitos tan elaborados, parece que el corazón puede tomar decisiones y pasar a la acción independientemente del cerebro; y que puede aprender, recordar e incluso percibir. 
Existen cuatro tipos de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro de la cabeza.

1. La comunicación neurológica mediante la transmisión de impulsos nerviosos. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias.
Significa que el corazón puede influir en nuestra manera de pensar.
Puede influir en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones.

2. La información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores. Es el corazón el que produce la hormona ANF, la que asegura el equilibrio general del cuerpo: la homeostasis. Uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés y producir y liberar oxitocina, la que se conoce como hormona del amor.

3. La comunicación biofísica mediante ondas de presión. Parece ser que a través del ritmo cardiaco y sus variaciones el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo.

4. La comunicación energética: el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional. Cuando tenemos miedo, frustración o estrés se vuelve caótico. Y se ordena con las emociones positivas.
Sí. Y sabemos que el campo magnético del corazón se extiende alrededor del cuerpo entre dos y cuatro metros, es decir, que todos los que nos rodean reciben la información energética contenida en nuestro corazón.
¿A qué conclusiones nos llevan estos descubrimientos?
El circuito del cerebro del corazón es el primero en tratar la información que después pasa por el cerebro de la cabeza. ¿No será este nuevo circuito un paso más en la evolución humana? Read the rest of this entry »

El funcionamiento de nuestro cerebro depende en buena medida de nuestra alimentación; Ecoosfera te presenta diez alimentos que le harán bien a tu mente.

La alimentación es un aspecto fundamental en la vida del ser humano. Nuestras funciones cognitivas, nuestro desempeño físico, nuestra salud física y mental, e incluso nuestro camino espiritual, estan significativamente vinculados a lo que ingerimos. A continuación te presentamos diez alimentos que tu cerebro agradecerá que consumas. A través de su ingestión optimizarás distintas funciones mentales que pueden traducirse en una vida más grata para ti:

Semillas de calabaza

Un puñado de estas semillas al día te abastecerá de todo el zinc que tu cuerpo necesita favoreciendo así diversas habilidades mentales como la memoria y la agilidad.

Brócoli

Esta legumbre te ayudará a optimizar múltiples aptitudes mentales y estimulará la rapidez de procesamiento de información en tu cerebro.

Nueces

Las nueces, además de ser un alimento disfrutable y que se puede combinar con decenas de platillos, te dotará de una buena cantidad de vitamina E, un ingrediente esencial para el desarrollo de la memoria.

Ostiones y sardinas

Estos dos frutti di mare son ricos en vitamina B12, complemento que permitirá relajarse a tu sistema nervioso, lo cual se traducirá en mayor lucidez del pensamiento, y además dotará de energía a tu cerebro para llevar a cabo funciones de manera más ágil y concreta.

Cacao

No nos refirimos al chocolate industrial que seguramente disfrutas tanto sino a la semilla original con la que se produce el chocolate. Lo ideal es encontrar polvo concentrado, 100% de cacao orgánico, y mezclarlo con otros elementos. Este ingrediente ha sido considerado cuasimilagroso para optimizar multiples funciones cerebrales: estimula el aprendizaje, regula las emociones, y sirve como antioxidante, entre muchas otras propiedades.

Moras azules

Ingerir un par de decenas de moras azules al día sería un gran obsequio que tu cerebro sabría agradecer. Su alto nivel de antioxidantes y de Omega-3, sumado a las proteínas que ofrece a nuestro cuerpo, las coloca como un alimento indispensable en nuestra dieta cerebral.

Té Verde

En este caso nos referimos idealmente a un te verde de máxima calidad, como el matcha o un refinado sencha japonés. Los aminoácidos que tiene esta planta, como el L-theanina, hacen de esta bebida una digna acompañante de la lucidez y la meditación. Además, tiene altos niveles de EGCG (Epigallocatechina Gallate) la cual limpia tu sangre, rejuvenece tu cuerpo, y combate la probabilidad de contraer cáncer.

Salmón salvaje

Enfatizamos en el adjetivo salvaje pues obviamente no nos referimos al salmón de cautiverio rellenado con hormonas y alimentado con transgénicos. El salmón natural, además de contener uno de los más bajos niveles de mercurio entre los alimentos del mar, es una rica fuente proteínica y de Omega-3. Una Buena dosis de este alimento regularmente favorecerá tu funcionamiento sináptico, tus arterias, y reducirá el riesgo de contraer enfermedades mentales como el Alzheimer.

Café

Tomar de vez en cuando una taza de buen café, orgánico y sin combinarse con ningún aditamento como leche, crema, chocolate, etc, representa una gran fuente de vitaminas, minerales, y aminoácidos que tu cerebro agradecerá para trabajar óptimamente.

Curry

Este popular condimento en la comida India y del norte de África tiene como principal ingrediente la curcumina, un ingrediente repleto de antioxidantes que ayudarán a tu cerebro a mantener sus funciones cognitivas y no desgastarse ante el paso de la edad.

 

 http://www.ecoosfera.com/2011/03/alimenta-tu-mente-top-10-alimentos-para-tu-cerebro/

Ante los vertiginosos flujos de información y estímulos sensoriales, practicar el no-hacer puede resultar una exigencia no solo evolutiva sino de supervivencia.

 

“Sentado en silencio, haciendo nada, la primavera llega, y la hierba crece por sí sola” 

Proverbio Zen

Pornografía tridimensional, 8,230 millones de páginas web irradiando data, tecnologías móviles que amenazan los últimos gramos disponibles de intimidad, hiperconectividad, vértigo informativo, una aparente aceleración del eje que sostiene al tiempo, probables apocalipsis, más de siete mil millones de personas construyendo (conciente o inconscientemente) realidades, espiritualidad contracultural, excitantes flujos gratuitos de mp3’s, vórtices disfrazados de redes sociales, lectura electrónica, fantasmagoria emocional, cerca de cinco mil millones de videos disponibles tan solo en YouTube, bipolaridad biorítmica, sensualidad artificial, vorágine publicitaria acechando nuestro espacio público, comida rápida (cada vez más rápida), nuevas enfermedades, psicosis pop, excesiva concentración humana/urbana en espacios localizados, estreñimiento intuitivo, marketing neuronal, crisis financieras, colapsos éticos, hiperflujo de símbolos, efímeros ídolos que son rápidamente suplantados por otros (maquila de íconos), ciencia ficción materializada, líderes confundidos, desgarre de paradigmas, sobreproducción alimentaria, empatía por los zombies, tantra digital, estimulación, percepción desbordada, más estimulación… ¿Acaso alguien duda que los nuestros son tiempos intensos?

Exploración frenética

El neurocientífico Jaak Panksepp descubrió un intrigante aspecto en el cerebro de los mamíferos. Si tu colocas un electrodo en el área de estimulación sexual de un roedor, y luego le haces disponible un botón para activar dicho estímulo, entonces lo activará durante un rato hasta estar satisfecho y luego lo dejará en paz hasta el día siguiente. Lo mismo ocurre con el hambre o el sueño. Pero si realizas el mismo experimento con el región encargada de la exploración (el hipotálamo lateral), entonces ocurre algo radicalmente distinto: el roedor simplemente oprimirá el botón, insaciablemente, hasta colapsar. Curiosamente el ser humano actúa en forma casi idéntica cuando se trata de estimular su sentido de exploración.

Cada vez que exploras algo tu cerebro se auto-recompensa con una dosis de dopamina, por cierto el mismo neurotransmisor que se estimula mediante sustancias como la cocaína o el speed, y el cual detona ciertas funciones como el sentirte energetizado y concentrado, en un principio, y posteriormente comienzas a estresarte hasta que, eventualmente, colapsas. Pero el principio neuronal de exploración frenética no es un simple vórtice autómata dentro de nuestro cerebro, en realidad funciona a base de una recompensa más allá de la dopamina: opiáceos, sustancias que te relajan, te hacen sentir pleno, y diluyen nuestro frenesí exploratorio, ya que representa el acto de hallar una respuesta a nuestra búsqueda. Juntos, el estímulo y su relativa saciedad, nos sumergen en un extraño loop.

Podríamos afirmar que los opiáceos son la contraparte perfecta de la dopamina. Sin embargo, a lo largo de la historia de los mamíferos, la evolución parece no haber valorado el estado relajado y sedentario propio de la recompensa opiácea (ya que induce un estado que nos hace potencialmente vulnerables ante posibles depredadores). Y tal vez está inercia se ha intensificado dentro del contexto sociocultural que hemos forjado durante el último siglo: hay que producir más en menor tiempo, hay que absorber la mayor cantidad de información posible, hay que vivir mucho (aunque no necesariamente bien), etc… Es decir, e independientemente de si se trate de una premisa de supervivencia evolutiva, de una virtud cósmica o de un macabro loop sociocultural, preferimos buscar que encontrar. Curiosamente hace unos meses escribía acerca del propósito de nuestra existencia, planteando que a este mundo venimos a recopilar información.Pero confieso que no era consciente, al menos no para enfatizar con claridad su condición vital, de que para cumplir esa apasionante y mágica función, resulta fundamental el generar momentos completamente ajenos a la exploración –recordando además que tal vez son los espacios en blanco, y no las letras, los que dan sentido a un texto–. 

Neuro-vacaciones: una visita al no-hacer

Si tomamos en cuenta los ritmos propios del actual contexto sociocultural, aunado a esta inercia neuroexploradora, entonces parece que el camino se dibuja con claridad: es fundamental obsequiarle a nuestro cerebro momentos de relajación total, extraerlo del vertiginoso intercambio de información y colocarlo en un estado de no-hacer. Se trata de extender esos instantes envueltos en silencio, sin ningún fin en particular, cultivando la simpleza, y eludiendo cualquier tipo de estimulación más allá del estar –esto incluyendo el cese del flujo informativo al que estamos permanentemente expuestos–.

Con el fin de neuro-vacacionar evidentemente existen algunos recursos que son especialmente útiles y accesibles para todos. Me refiero por un lado a un entorno, la naturaleza, procurando sitios como un bosque, la montaña, la playa, contextos que favorecen ritmos orgánicamente ajenos al vórtice de estímulos que muchos llamamos cotidianidad. La segunda de estas herramientas no se refiere a un espacio sino a una actividad voluntaria, la meditación. Está práctica milenaria, que incluye decenas de variables disponibles, privilegia el ser sobre el hacer, rinde culto a la posibilidad de sintonizarnos con la respiración y simplemente observar sin intervenir. Ambos recursos, el procurar entornos naturales o el dedicar unos minutos a meditar, permiten hackear el excitante protocolo que la dinámica contemporánea nos exige y diluir esa ansiedad proactiva que bien podría terminar reventando nuestro sistema nervioso –o al menos inducir estados poco deseables que hoy en día son, lamentablemente, muy recurridos, por ejemplo el estrés–.

En pocas palabras se trata de que tengas la claridad y la voluntad necesarias para, periódicamente, bajarte de la ola y penetrar ese delicioso estado del no-hacer, sin expectativas, sin objetivos pre-establecidos, sin técnicas sofisticadas ni demandantes requisitos. Así que cuanto antes sacúdete esa falsa verdad de que todo el tiempo tienes que estar haciendo algo, incluidas esas actividades de esparcimiento con las que acostumbramos mitigar el rush laboral, y entrégate a la nada. Y aunque tal vez te parezca un ejercicio un tanto épico, tomando en cuenta las circunstancias predominantes de tu vida, lo cierto es que para ello solo necesitas dos cosas: inhalar y exhalar. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis  

http://pijamasurf.com/2012/12/dale-unas-vacaciones-a-tu-cerebro-neuro-vacacionando-al-no-hacer/

 


"Expande tu mente, despierta tu corazón"

Meditación para “Purificar las Emociones”

Reconcíliate con la energía de tu emoción aprendiendo a transformarla en energía a tu favor.

Para escuchar un fragmento de la meditación haz click aquí: Meditación

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